Nota de Producción


La magia de Del amor y otros demonios comenzó en 2004, cuando el escritor colombiano Gabriel García Márquez le ofreció a Hilda Hidalgo la oportunidad de adaptar al cine su novela. Al concluir un taller en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de La Habana, el célebre narrador escuchó decir a Hilda que aquella novela era su obra más cinematográfica, que parecía escrita como un guión, y que le extrañaba que aún no hubiera sido llevada al cine. García Márquez la desafió: “¿No le gustaría hacerla?” Hilda no se lo pensó dos veces: “¡Pues claro!, Gabo”. “Pues, entonces, ¡hágala!”, contestó él.  El escritor le puso una única condición: “Prodúcela como una obra de arte. ¡No pierdas tu libertad creativa!”


Hilda regresó a Costa Rica y se entregó al proyecto. Ella y su socia en Aliciafilms, Laura Pacheco, se dedicaron a buscar aliados. El primero que se les unió fue el presidente ejecutivo de la Universidad Veritas de Costa Rica, Ronald Sasso, gracias a la complicidad de María Lourdes Cortés, entonces directora del Centro Costarricense de Producción Cinematográfica. La Universidad Veritas apoyó los primeros dos años de desarrollo que contemplaron el diseño del proyecto, la investigación histórica y de locaciones en Cartagena de Indias, la escritura de las primeras versiones del guión y las bases del plan financiero.


A principios del 2005, Hilda concluyó la segunda versión del guión y logró seducir a la reconocida productora mexicana Laura Imperiale, de Cacerola Films (Cinco días sin Nora, Nicotina, El crimen del Padre Amaro, La perdición de los hombres, Así es la vida, entre otras): “Leí el guión y me pareció una propuesta llena de sensualidad y complejidad en los personajes.  Con una mirada particular, femenina, un acercamiento diferente a la obra de García Márquez.  Hubo una inmediata cercanía de criterios y con el tipo de película que se quería hacer”.


Ella se unió al proyecto en un momento decisivo para concebir un diseño de producción con un esquema financiero sin precedentes en Centroamérica, lo que hizo posible una película de excelente factura técnica y a la vez gran libertad artística y creativa.


Esta es la primera película costarricense que se financia con la modalidad de fideicomiso de inversión de capital nacional. Las empresas costarricenses Creación de Capitales, Bufete Zürcher, Odio y Raven, Deloitte y MBA Asociados se integraron para formar un innovador esquema financiero, legal y fiscal, y se convirtieron en verdaderos pioneros en sus áreas respectivas.


Más tarde, se sumaron las productoras Clara María Ochoa y Ana Piñeres, de
CMO Producciones
(Soñar no cuesta nada, Esto huele mal, Bolívar soy yo, Como el gato y el ratón, entre otras), una de las empresas de producción más sólidas y exitosas de Colombia. Ambas se interesaron por la visión femenina e intimista del guión y se comprometieron de forma decidida con el proyecto.


Clara María Ochoa explica que, al leer el guión, le pareció “una idea bellísima y una linda adaptación. Empezamos a trabajar inmediatamente, a hacer presupuesto, a desglosar, a ver dónde se iba a filmar...La búsqueda del casting fue la prioridad, especialmente el personaje de Sierva María, la niña protagonista para la que vimos cerca de 700 niñas de Colombia, Costa Rica, Cuba en incluso Brasil y Argentina.  Al final resultó que la teníamos a la vuelta de la esquina … increíble fue la selección de Eliza Triana para Sierva María”.


Para la segunda etapa de desarrollo se obtuvo el apoyo de la compañía global DHL, que ofreció sus servicios y redes para interconectar los diferentes focos de producción entre Costa Rica, Colombia, Argentina, España y México. Su aporte también permitió concluir la escritura de guión, realizar la búsqueda de los actores, desarrollar el esquema financiero y el levantamiento de capital.


En Colombia, CMO Producciones organizó el aporte de inversionistas privados y obtuvo el apoyo de RCN CINE y E-NNOVVA, que desde un inicio apostaron por la película.


Carolina Angarita
, cabeza visible de las dos compañías, pertenecientes a la Organización Ardilla Lulle, leyó cada versión del guión y al final, con el aval de la presidencia del conglomerado empresarial,  unió esfuerzos de varias empresas de la Organización (incluyendo a Postobón e Incauca) para que se sumaran a la producción de esta reconocida obra de nuestra literatura convertida en imágenes en movimiento.


Además, se obtuvieron estímulos de Cinergia, Fondo de Fomento al Audiovisual de Centroamérica y el Caribe, del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico de Colombia y de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. 

En el 2007, se establecieron los acuerdos de coproducción entre Aliciafilms y CMO Producciones, que permitieron cubrir casi la totalidad del presupuesto.

Al año siguiente, Costa Rica se incorporó por primera vez al Programa Ibermedia, y gracias a que Colombia también es país miembro, el proyecto pudo aplicar y recibir el apoyo necesario para completar el presupuesto.

CASTING

Eliza Triana Amaya tenía 11 años cuando hizo su primera prueba de actuación para la película. Era muy niña para el personaje y no fue seleccionada. El proceso de búsqueda continuó y Eliza participó de cerca con su madre, Sylvia Amaya, la directora de casting en Colombia, invitando a sus amigas a participar y ayudando a las actrices a repetir sus parlamentos. Dos años más tarde, la directora escuchó la voz de Eliza en las grabaciones de unas pruebas donde Eliza actuaba fuera de cámara, y quedó impresionada con la determinación y la increible naturalidad con que hacía las escenas. Con trece años, Eliza había crecido e inadvertidamente se había convertido en Sierva María.


A Eliza, el guión le pareció una “obra de arte. Mientras lo iba leyendo me imaginaba las escenas. Todo el proceso ha sido muy chévere, muy lindo. Sierva María es un personaje muy misterioso, con muchos sentimientos que explorar y que mostrar”.


Para la directora, Hilda Hidalgo, Eliza es una de las mejores actrices con las que ha trabajado. A pesar de su juventud, “es una niña increíblemente disciplinada y perfeccionista. El trabajo con ella fue entrañable. No hubo una sola escena en que no diera el máximo y siempre me preguntaba si lo podía hacer mejor, si había quedado tal y como yo lo había ‘soñado’. Es una niña muy  talentosa e intuitiva, que rápidamente captó la esencia de su personaje”.

La cineasta explicó que fue muy hermoso “ver cómo ella y Pablo se iban compenetrando día a día con sus personajes. Les prestaron alma y cuerpo hasta hacerlos existir”.


Desde las primeras pruebas de casting, Hilda quedó fascinada con el joven actor catalán Pablo Derqui y con su potencial para expresar la profundidad espiritual e intelectual de Cayetano, en el que se mezcla el ansia por entender el misterio de la existencia con la inocencia de un hombre que se enamora a los 36 años, por primera y única vez en la vida.


Pablo Derqui se dejó seducir por la mirada femenina de Hilda y por una producción nacida del mundo de García Márquez: “Es la primera vez en que la visión sobre una de sus novelas es tan personal. Que sea latina, que se ruede aquí, con actores de aquí y que al mismo tiempo Hilda lo haya adaptado a su manera, van a hacer de la película algo genuino”.


El elenco está compuesto por actores colombianos -en su mayoría mujeres- y españoles, quienes crearon personajes llenos de matices y de rasgos de humanidad capaces de expresar las contradicciones de un periodo dividido entre la represión inquisitorial y el descubrimiento del cuerpo.


RODAJE
Del amor y otros demonios se filmó durante nueve semanas y media en Cartagena de Indias, en marzo, abril y mayo del 2008. Rodar en Cartagena fue mágico.

La ciudad guarda dentro de sus murallas la esencia de la colonia española, como un viaje en el tiempo, y el equipo tuvo el privilegio de filmar en locaciones extraordinarias como el Palacio de la Inquisición, el Palacio del Marqués de Valdehoyos, el claustro San Pedro Claver, el Castillo San Felipe y la Casa de Huéspedes Ilustres, entre muchas otras edificaciones insignias de la ciudad.

La fotografía estuvo a cargo del argentino Marcelo Camorino. La fuerte sincronía entre él y la directora, en cuanto al tratamiento de la luz y del color, crearon una fotografía de claroscuros, cargada de sensualidad y limpieza visual. Incluso antes de tener su primer encuentro, ambos veían al pintor italiano Caravaggio como fuente de inspiración para interpretar el clima de la ciudad y de la época e integrarlos al estado anímico de los personajes. 


El trabajo del director de arte colombiano, Juan Carlos Acevedo, comenzó meses antes del rodaje cuando se trabajaron los primeros bocetos para las distintas locaciones. Si bien era fundamental la veracidad y la reproducción históricas, el objetivo primordial fue crear una atmósfera, un universo subjetivo, que tuviera vida propia. Tanto Adán Martínez, a cargo del diseño de vestuario, como Helmut Karpf, responsable del maquillaje y especialista en efectos especiales, se unieron a Acevedo en la búsqueda de las referencias pictóricas y artísticas de la época.


El resultado es una imaginería impecable que logra transmitir la la textura de una ciudad en decadencia y que, al mismo tiempo, cobra vida en el mestizaje y en la mezcla de etnias, ideas y delirios.


POSPRODUCCION

“La posproducción fue un trabajo en equipo, donde nos retroalimentamos unos a otros y creamos juntos”, explica la directora.

La edición fue un proceso meticuloso en el que la directora y la  editora Mariana Rodríguez dieron continuidad al estilo sobrio y minimalista del guión. Tanto a nivel de estructura como al interior de las escenas se hizo un trabajo incansable de limpieza para revelar la esencia de las emociones y de los personajes.


La música debía ser parte del sonido de la película y el sonido debía ser musical, de modo que se integraran a la película como un todo. Sobre esta base y con el reto de una propuesta musical minimalista, que utiliza un máximo de dos o tres instrumentos, con una estructura inspirada en el barroco, el compositor costarricense Fidel Gamboa creó melodías que interpretaran el corazón de los personajes.


Nerio Barberis y Miguel Hernández, a cargo del diseño de sonido, le dieron forma a un tejido de sonidos naturalistas que se aleja de lo meramente descriptivo y real para abrirse a las palpitaciones y susurros del alma humana.

Las animaciones estuvieron a cargo del equipo de la empresa costarricense Martestudio bajo la dirección de Oliver Zúñiga y Christian Glenewinkel.  Se trabajó la textura de los sueños, que debían ser realistas sin perder la cualidad inasible de lo onírico, y también algunos efectos totalmente realistas como el eclipse, la ciudad amurallada y los insectos.


Así concluyó el proceso de una película que comenzó con un acto de realismo mágico, de parte de García Márquez, y cuyo principal desafío fue no perder su contacto con el universo maravilloso de donde brotan los amores imposibles entre Sierva María y Cayetano.